Kamikaze
Importantísimo. La parte de la historia de Japón que es sombria. Cómo olvidar a aquellos suicidas participando en guerras y combates aereos, cómo.
El término Kamikaze (神風, ''Kamikaze'' lit. "Viento Divino") de origen japonés fue utilizado originalmente para referirse a los ataques suicidas por parte de aviadores de una Unidad Especial de Ataque perteneciente a la Armada Imperial Japonesa en contra de la flota de los "Aliados" durante finales de la Segunda Guerra Mundial con el objeto de intentar detener su avance en aguas del Océano Pacífico.
Origen
El origen del mito kamikaze viene desde el siglo XIII, cuando una flota procedente de Mongolia bajo el mando de Kublai Khan se presentó en dos ocasiones (la primera en 1274 y la segunda en 1281) en costas japonesas con el fin de invadir el país. Afortunadamente para los habitantes, que no estaban preparados para combatir contra un ejército mucho mejor preparado y enfrentar una invasión de grandes proporciones durante el intento de invasión de 1281, un tifón arrasaró la flota invasora, el cual fue llamado "Viento Divino" (神風, "Viento Divino") y considerado como una señal de que Japón era el elegido por los dioses y por lo tanto, éstos se encargaban de su seguridad y supervivencia.
Operaciones de la unidad especial de: Okinawa
Desde comienzos de 1945, los dirigentes japoneses discutían de cómo detener el implacable avance de los aliados hacia tierras del mismo Japón. Después de la caída de Iwo Jima, la invasión y los ataques a tierras japonesas era cuestión de tiempo. El Cuartel General Imperial tenía previsto que las fuerzas de los Aliados desembarcaran en Okinawa por lo que se hicieron preparativos defensivos desde enero de 1945. Con el enemigo pisando ya territorio nacional, los ataques suicidas no sólo se incrementaron, sino que se coordinaron ataques conjuntos entre la flota aérea y la Armada por primera vez en toda la guerra. Este tipo de operaciones conjuntas fueron conocidas como Kikusui, de las cuales se realizaron diez entre el 6 de abril y el 22 de junio de 1945 y de esta serie fue donde más barcos aliados resultaron dañados o hundidos.
La más representativa de éstas misiones fue la que salió el 6 de abril, donde los barcos restantes de la otrora gloriosa Flota Imperial, en camino en la denominada Operación Ten-Gō, se unió a la Quinta Flota Aérea para hacer frente deliberadamente contra el ejército enemigo instalado ya en Okinawa. Alrededor del mediodía del día siguiente (7 de abril), 300 aviones de los Aliados atacaron el remanente de la flota nipona. Para las 15:00 horas, el Acorazado Yamato, el Acorazado Yahagi y los destructores Asashimo y Hamakaze estaban hundidos debido al intenso ataque, además de que otros dos destructores, el Isozake y el Destructor Kazumi fueron puestos fuera de combate y hundidos por los mismos japoneses, sin que pudieran hacer algún ataque significativo. Durante esta batalla, Japón perdió seis barcos de los tan sólo diez con que contaba, además de que más de 2,500 hombres perdieron la vida.
Conjuntamente con los ataques Kikusui, se llevaron sin mucho éxito otro tipo de ataques con artefactos suicidas y explosivos como el caso de las bombas ōka (flor de cerezo, 'ōka'), las cuales los aliados llamaron despectivamente "bombas Baka" (tontas). Las bombas ōka consistían en pequeños aparatos de madera, de un solo asiento, cargados con 1,800 kilogramos de explosivos y propulsado por cohetes. El fracaso de este modelo radicó en que éstas eran transportadas por bombarderos sumamente lentos, los cuales en su gran mayoría fueron derribados mucho antes de llegar a su objetivo.
El 12 de abril se puso en marcha la operación Kikusui No. 2 integrada por ocho ōka, 80 aviones tokkōtai y más de 100 cazas escolta. El plan consistió en arribar a Okinawa por distintas rutas para atacar los blancos desde distintas posiciones. De las bombarderos cargados con ōka, 6 fueron derribados antes incluso de llegar al lugar.
Entrenamiento y tácticas
El programa que debían seguir los pilotos con base en Formosa es un buen ejemplo del entrenamiento que recibían los pilotos tokkōtai, el cual se dividía en breves y diversas fases: en primer lugar, el adiestramiento de los nuevos pilotos tokkōtai tenía una duración de siete días, dedicando las primeras dos jornadas únicamente al ejercicio de despegue. Este tipo de ejercicio cubría el período de tiempo que iba desde el momento en que se impartía la orden para una misión hasta el momento en que los aparatos quedaban situados en formación de vuelo. Los dos días siguientes se dedicaban al vuelo en formación, mientras al mismo tiempo proseguían las prácticas de despegue. Los últimos tres días estaban dedicados, de manera especial, al estudio teórico y a los ejercicios prácticos de aproximación al objetivo y al ataque; entre tanto, continuaban también los ejercicios de despegue y de vuelo en formación. Si aún había tiempo, se repetía el proceso por segunda vez.
Para los cazas ligeros y rápidos, como los Zero, nombre en código para los aliados Zeke, y los bombarderos embarcados tipo Suisei, nombre en código Judy, se adoptaron dos métodos de aproximación con vista a los ataques especiales.
La aproximación debía realizarse a la máxima o mínima altura posible. Aunque desde el punto de vista de la exactitud de la navegación y de la buena visibilidad hubiera sido preferible una altura media, se prefería renunciar a estas ventajas en consideración a otros factores. En efecto, la altura preferida estaba comprendida entre los 5.5 y los 6.5 kilómetros, y ello por dos razones:
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- Cuanto mayor es la altura, más difícil se hace la intercepción por parte del enemigo;
- Había que tener en cuenta la maniobrabilidad de un avión cargado con una bomba de 250 kilogramos.
- La máxima velocidad era alcanzada al entrar en contacto.
- Obligaba a los artilleros a disparar a la máxima elevación dificultando el centrado.
- El éxito era mayor cuando existía un cielo con bajo techo de nubes.
En lo que respecta a la aproximación a poca altura de los aparatos japoneses, volaban lo más cerca posible de la superficie del mar, de modo que se retrasara al máximo su localización por los radares aliados. En las postrimerías de 1944, se consideraba que el radar americano tenía un alcance efectivo de 160 kilómetros a gran altura y de 30 a 50 kilómetros a baja altura. El ataque a baja altura era muy poco efectivo debido a la barrera antiaérea que se establecía y además muchas aeronaves y pilotos eran derribados antes de llegar al objetivo.
En las ocasiones en que se disponía de muchas unidades de ataque, se aplicaban simultáneamente el método de aproximación a baja altura y el de alta cota, desde varias rutas además.
Para el ataque final suicida, los pilotos tenían un orden de prioridades. En los portaaviones, el mejor blanco era el elevador principal; seguían luego, en orden de preferencia, el elevador de popa o el de proa. En cuanto a los demás tipos de grandes unidades de guerra, el mejor blanco era la base del puente de mando. En los destructores y otros pequeños buques de guerra y de transporte, un impacto en un punto cualquiera, situado entre el puente de mando y el centro del navío, resultaba generalmente de gran eficacia.
Concepción de la sociedad Japonesa actual
Las muestras de afecto y aprecio de la sociedad mostrada durante la Segunda Guerra Mundial donde se repetían imágenes de gente despidiéndolos con sonrisas y flores se disiparon al terminar la guerra. La imagen pública que se tenía de los pilotos tokkōtai así como de los integrantes de otras fuerzas de ataque suicida cambió radicalmente. Términos despectivos como "los degenerados de la Unidad de Ataque Especial" y "aquellos fanáticos ex-miembros de la Unidad de Ataque Especial" se hicieron recurrentes.[53]
Desde el final de la ocupación americana a Japón en 1952 a la fecha, los pilotos tokkōtai han ido recobrando gradualmente su estatus de "héroes históricos" que gozaron durante finales de la Segunda Guerra.
A lo largo de los últimos años, se han erigido diversos museos dedicados exclusivamente a este tema, en los que se presentan fotografías, testimonios, aviones restaurados y otras armas utilizadas durante la guerra. Uno de los principales museos existentes de este tema es el Museo de la Paz Chiran, el cual se inauguró en 1975 en una antigua base de operaciones aéreas localizada en la Prefectura de Kagoshima. El museo recibe más de 500,000 visitas al año y es considerado como uno de los factores que han hecho cambiar la concepción que la sociedad japonesa tenía de las unidades de ataque suicidas.
Junto con los museos, diversos monumentos a lo largo del país se han erigido en honor de los "pilotos caídos", ya sea en forma de lápidas de piedra, torres, figuras humanas o en forma de estatuas budistas de Kannon.

